Homilía de Vísperas del Corpus Christi: 22 de junio de 2019

HOMILÍA CORPUS CHRISTI.

Vísperas. 22 de junio de 2019.

Ponente/Celebrante: Rvdo. Sr. D. Iván Bermejo Jiménez, Pbo. Cura-Párroco de Torrelaguna.

Parroquia de Sta. María Magdalena. Torrelaguna. Diócesis Complutense.


Hermano Mayor de la Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo del Perdón, María Santísima del Rosario al pie de la Cruz y san Juan Evangelista, de Torrelaguna, Junta Parroquial de Hermandades, Consejos Parroquiales de Pastoral y Economía, Hermanas Carmelitas de la Caridad, Autoridades Municipales y Asociaciones Vecinales, que nos acompañáis en esta Eucaristía… Saludo de modo especial a nuestra Pregonera de este año, Dña. María del Pilar Fernández Molina, Delegada de Formación y Movimientos Apostólicos Diocesanos de la Archicofradía Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli de Madrid, y saludo de igual modo a Don Carlos Malarria Urbano, Pregonero del año pasado en esta Solemnidad, y Hermano Mayor de la Muy Ilustre Hermandad Sacramental y Penitencial Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Amor en su entrada triunfal en Jerusalén, María Santísima de la Anunciación y Nuestra Señora del Rosario, Patriarca Glorioso y Bendito señor San José, vulgo “La Borriquita”, de Madrid, Miembros del Grupo Joven de la Hermandad Sacramental y Carmelitana de ”Los Gitanos”, de Madrid, Señor Vicepresidente de la Asociación Parroquial de Caballeros y Damas de Ntra. Sra. del Pilar de Madrid …

Hermanos y Hermanas todos en el Señor:

Con la “Minerva” propuesta por la Hermandad Sacramental del Stmo. Cristo del Perdón de Torrelaguna que celebramos ayer, dábamos comienzo a un Conjunto de Celebraciones ordenadas al Culto del Señor, Sacramentado en esta solemnidad del Stmo. Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. El encuentro de ayer era un magnífico preludio que, de manera ascendente, anticipaba lo que ya venimos celebrando, en esta tarde, y que con un bellísimo broche de oro culminará con la Sta. Misa Solemne de mañana, Domingo, y la posterior procesión con el Santísimo Sacramento del Altar por las calles del Municipio.

Celebraciones que se enmarcan en el contexto de los Ecos Pascuales que, todavía, resuenan en nuestros corazones, de gran calado en nuestra vida espiritual y, por tanto, en nuestras almas. Ha sido, es y será siempre, mi deseo de transmitiros la devoción y el hondo reconocimiento a lo más importante que tenemos los Cristianos, el Señor- Eucaristía. El Misterio de Amor y de Comunión que nos reúne en torno a Su Altar, que nos invita a participar de Su Sacrificio incruento haciendo memoria de lo que fue Su Entrega Suprema en el Árbol de la Cruz, tras habernos dejado como testamento vital : el Mandamiento del Amor Fraterno, la Última Cena y la Institución del Orden Sacerdotal como Sacramento de servicio a la Comunidad de todos los Bautizados.

Nunca encontraremos regalo mayor que éste, el mismo Señor que se hace presente cada vez que dos o más están reunidos en Su Nombre, nutriéndose de la Palabra que sana y alimentándose del Pan de los Ángeles que sacia y da descanso al corazón y al alma del ser humano.

No encontremos amor más grande ni más supremo que en lo excelso de este Sacramento que se nos ofrece como Alimento de Vida Eterna.

Es por ello, que ninguna acción pastoral, misionera, evangelizadora o cofrade podrá triunfar si no está profundamente enraizada en la Sagrada Eucaristía.

No os engañéis, no nos engañemos, Nada tendrá sentido si no lo ponemos ante la presencia del Señor para que sea llevado hasta Su Presencia en el Altar del Cielo, por manos de su Ángel, como repetimos y escuchamos seguidamente en el Canon Romano de esta Divina y Santísima Eucaristía.

Repito, ninguna iniciativa, por muy santa y noble que ésta sea, tendrá valor o sentido si no está profundamente injertada en esto mismo que estamos celebrando: La Santa Misa. En ella adoramos a Dios, a Su Divino Hijo e imploramos la asistencia del Espíritu Santo para que con sus Dones y Carismas nos ayude en nuestro quehacer cotidiano, en nuestro caminar. Es tal el valor infinito de la Santa Misa que es imposible definirlo totalmente con palabras: Adoración a Dios, Plegaria de Acción de Gracias, de Petición por los vivos y por los difuntos, Alimento y Sanación a la par que Reparación espiritual, Oración de intercesión, Invocación y Práctica de la Comunión de los Santos; y todo ello, unidos con el Mundo entero por la Salvación de los hombres y mujeres, en reparación de nuestras culpas

¡Quisiera, Hermanos, a veces, poderme abrir el corazón para que pudierais comprender con los ojos de la Fe el Valor incalculable y lleno de Amor que nos ofrece el mismo Jesús en este sacramento de amor al que sólo podemos acceder con la Luz de la Fe, asistida por una razón y conciencia rectamente ordenada a la contemplación del Bien, la Verdad y la Bondad absolutas!

Esta tarde, Hermanos, os pido que unidos en esta poderosa oración de intercesión y en el ofrecimiento del Sacramento del Altar nos unamos en rendida adoración de pleitesía y vasallaje a la Majestad infinita que es el Amor de Dios expresado en el Sacramento del Altar… ¡ al único que hay que rendir Culto! … y pidamos que renueve en nosotros los Deseos Santos de poder servirle en nuestra vida, buscando agradarle y servirle en todo.

Termino con una reflexión de quien os he hablado en más de una ocasión, para que entendamos la importancia de una vida radicada en la Eucaristía. Madre Teresa de Calcuta comenzaba cada día entrando en comunión con Jesús en la Santa Misa y salía de casa con el Rosario en la mano para encontrar y servir a Jesús en los “no deseados”, los “ no amados”, aquellos de los que nadie se ocupaba…

Esto la llevó a decir repetidamente: “Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal”.

Precioso ejemplo para aplicar en nuestras vidas. Todo esto, y más, es posible si nuestra vida, si nuestro compromiso cristiano bebe de la Fuente que mana Agua Viva.

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