Homilía del domingo de Pentecostés

Iglesia parroquial de Sta. Mª Magdalena. Torrelaguna.

PONENTE: Rvdo. Sr. Don Iván Bermejo Jiménez. Cura-Párroco.

9 de junio de 2019, domingo de Pentecostés. Oficio Religioso. 12.00 h.


“ENVÍA TU ESPÍRITU SEÑOR, REPUEBLA LA FAZ DE LA TIERRA…” (Salm. 103).

Xavier Beauvois, actor, director de cine y guionista francés, sorprendió al mundo entero, en el año 2010, con un trabajo que versaba sobre el martirio de ocho monjes cistercienses en las montañas argelinas de Tibhirine. Dedicaban su vida a hacer presente el mensaje del Evangelio desde su contemplación, trabajo y dedicación, no solo a la pequeña comunidad cristiana que allí peregrinaba sino a todas las personas que por el hecho de ser Hijos de Dios, merecen nuestra consideración y estima espiritual. Sólo sobrevivió uno de aquellos monjes, cuyo testimonio, un año después de la grabación de esta película, pude escuchar de la mano de la Asociación Católica “Ayuda a la Iglesia Necesitada” en una sala de Cine de Madrid.

No cabe la menor duda de que la Acción y la Fuerza del Espíritu Santo se hacen presente en medio de su Iglesia en las situaciones más complejas y delicadas. Ésta era una de ellas, como no menos importantes, por su riesgo y testimonio, son nuestros hermanos que movidos por el Espíritu, evangelizan con su presencia en lugares como Irán, Yemen o Egipto.

Sólo desde una visión trascendente podemos comprender así las palabras del Salmo 82 que acompañaba la lectura de estas presencias martiriales en su entrega a Dios por la Causa de la Buena Nueva: “Vosotros sois dioses, hijos del Altísimo, pero como hombres moriréis”.

A lo largo del s. XX innumerables testimonios de la Acción del Espíritu han marcado la Vida de la Iglesia en la Misión “Ad Gentes” como nos recordaba el Papa Santo Juan Pablo II, uno de ellos, traigo a mi memoria, hoy, día en el que la Iglesia en España celebra la Jornada del Apostolado Seglar. En la Polonia de los años 70 un joven sacerdote, hoy Beato, Jerzy Popieluszko, trabajaba con personas afectadas profundamente por una situación de injusticia social, fruto de una férrea dictadura que intentaba anular la Fuente inagotable de Vida que era la que sostenía principalmente a aquella sociedad en medio del sufrimiento y la opresión. El P. Popieluszko decía a sus feligreses: “Vivid en la Verdad, sólo así seréis Libres”. Uno de los principales hechos por los que empezó a conocerse a este joven sacerdote, que murió con tan sólo 37 años, era la defensa de la presencia de los Crucifijos en los colegios. Eso que defendía entre los suyos y su compromiso radical con el Dios de la Vida y de la Verdad, le sirvió como premio la corona de Gloria que no se marchita, el martirio. Nunca se retiró de la Misión que había recibido como mandato por parte del Señor y siempre fue un ejemplo de compromiso hasta el final de su vida.

La Solemnidad de Pentecostés que hoy celebramos nos invita a través de los Dones y Carismas del Espíritu y formando un solo Cuerpo, como nos recuerda San Pablo, en su Carta de hoy (cfr. 1, Cor.12) a vivir unidos a este empeño en el Mundo de hoy atendiendo a todas las situaciones que se nos presentan con sentido de Fe y de Responsabilidad en virtud del Bautismo que hemos recibido y en respuesta a lo que somos ante Dios, Hijos suyos muy amados.

“Si hemos oído hablar de las Grandezas de Dios en nuestras propias Lenguas…” (cfr. Hechos 2, 1.11) hemos de saber transmitir esta maravilla y tesoro que hemos recibido del Dios Altísimo, del Dios que hace tanto por nosotros.

En este Mundo nuestro, el que nos ha tocado vivir, con sus características, riesgos, complicaciones, expresiones culturales y técnicas más o menos destacadas, necesita del Soplo de Aliento del Espíritu, pues si Dios nos retira Su Aliento, nos lo recuerda el Salmista ( cfr. Salm. 103), expiramos y volvemos a ser polvo. No somos nada.

Necesitamos invocar al Fruto del Amor de Dios-Padre y del Hijo para que volvamos a renacer y para que la Faz de la Tierra vuelva a ser ella misma. Para que el Hombre y la Mujer de Hoy encuentren su verdadera identidad e imagen que para nada está al margen de Dios, pues somos “imago Dei” creados a imagen y semejanza de Dios (cfr. Gn.1).

Muchas de nuestros Hermanos necesitan ayuda, nuestra respuesta personal, nuestro compromiso. Necesitan experimentar, como nosotros lo hacemos, la Fuente del Mayor Consuelo que es Dios y su Espíritu. Necesitan gozar de Dios, necesitamos descansar en Dios, sí Hermanos, no en nuestras apetencias o deseos por muy nobles que sean.

Sólo Dios es tregua en el duro Trabajo de la Vida y en nuestro Caminar. Sólo Él es necesario, sólo en Él, como decía la Santa Andariega santa Teresa de Ávila, encontraremos descanso en el Alma.

Nuestro Mundo vive muy rápido, vivimos a unas velocidades vertiginosas y el agobio y la distracción hacen mella en nuestra vida, sin darnos casi cuenta. Invocar al Espíritu de Dios hará hacer presente la Brisa que nos ayudará a respirar espiritualmente y ensanchará nuestra Alma. Nos permitirá sentir profundamente el GOZO del Encuentro con Aquél que nos salva, con el único que dota de profunda paz y alegría el Corazón del Ser Humano. “Señor riega la Tierra en sequía y sana el corazón enfermo y busca al que busca salvarse” (Secuencia del Espíritu Santo. Domingo de Pentecostés. Liturgia de las Horas) hemos escuchado antes del Evangelio.

Penetra Señor en nuestras almas y concédenos la paz necesaria para sentirnos enviados a realizar Tu misión en el Mundo, respondiendo, personalmente, a la llamada que Tú nos has hecho, sin temores, sin miedos, sin mirar hacia atrás, vislumbrando siempre el Horizonte de la Esperanza que es la Vida Eterna, el encuentro Contigo.

El Papa Francisco nos recuerda: “ El Espíritu santo, hace del Cristiano una persona sabia en el sentido de que sabe de Dios, sabe cómo actúa Dios, conoce cuando una cosa es de Dios y cuando no es”.

Por el Amor de Dios, invocad al Espíritu Santo, pedidle que os ayude a discernir cuál es el Camino que habéis de seguir, pedidle no tener ningún reparo a la hora de manifestarle nuestro compromiso. Imploradle su Gracia que es Fuerza para que podamos contribuir con nuestra presencia, palabra y misión a esta noble tarea de llevar el Buen Nombre de Dios y la Luz del Señor Resucitado a todos los lugares donde desarrollamos nuestra vida para que nadie sienta el Mal en su vida cuando Él les falta por dentro, y pidamos también para que nada ni nadie pueda apartarnos del Amor de Dios.

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