Homilía pronunciada con motivo de la festividad de San Sebastián

HOMILIA COFRADÍA – HDAD. SAN SEBASTIÁN MÁRTIR


Iglesia parroquial de Sta. Mª Magdalena. Torrelaguna.

PONENTE: Rvdo. Sr. Don Iván Bermejo Jiménez. Cura-Párroco y Capellán nato de la Hermandad de San Sebastián Mártir.

12 de Mayo de 2019, fiestas de Pascua de Resurrección. Oficio Religioso. 12.00 h.


Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Cofradía-Hermandad de San Sebastián mártir de Torrelaguna, Junta de Hermandades Parroquial, Consejos de Pastoral Parroquial y de Economía, Hnas. Carmelitas de la Caridad de Santa Joaquina de Vedruna, Devotos, Fieles y Hermanos todos en el Señor:

Permitidme, en primer lugar, felicitar a la Hdad.-Cofradía de San Sebastián por la respuesta en el compromiso de mantener viva y querer dar sentido a una tradición religiosa tan enraizada en el vivir de este pueblo. Gracias también por la dignidad con la que se preparó y vivió el acto de anoche, en la procesión de Velas, acompañando a la imagen de Ntra. Sra. de Fátima desde esta Iglesia Parroquial hasta su ermita donde mañana celebraremos gozosamente su Memoria litúrgica.

Os animo a seguir en este empeño y en esta línea Pastoral y de Evangelización que os causa y os causará no pocos sinsabores y algún motivo de sufrimiento personal, en el desarrollo de vuestras funciones con vuestros Hermanos-Cofrades. No temáis, no tengáis ningún miedo, los comienzos son difíciles, complicados, pero al final del camino se verán los frutos que, posiblemente nosotros, no veamos de forma inmediata pero que están ya macerándose como el buen vino en una barrica noble que es, como no puede ser menos, la propia Iglesia, la fe de la Comunidad Cristiana y Parroquial de Torrelaguna que avanza como Pueblo de Dios al encuentro del Señor, tomando como ejemplo el testimonio de vuestro Santo titular al cual veneramos hoy con profundo orgullo y admiración.

En ningún momento se ha dicho que el camino de la Evangelización sea un camino fácil. Me lo habéis oído en innumerables ocasiones. Mucho menos cuando hay actitudes y situaciones ancladas en un pasado eclesial que dista mucho de lo que solicita el espíritu del Concilio Vaticano II. Los gustos y preferencias personales, a veces, se establecen como criterio máximo ante lo que nos demandan nuestros Hermanos actualmente.

Esta situación, que no es novedosa para nosotros hoy, ya se producía en las primeras Comunidades Cristianas, lo hemos podido comprobar, en la lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles. Pedro se dirige a los Sumos Sacerdotes y Ancianos e intenta explicar los contenidos fundamentales de la fe que nos ha transmitido Ntro. Señor Jesucristo.

Ese intento de Pedro por explicar y dar sentido a las acciones y al mensaje de Jesús, desde la propia experiencia, desde lo que Él ha visto y oído, es el primer paso para conseguir la expansión del Reino de Dios. Como hemos escuchado, es una propuesta convencida y absolutamente radical de presentación de un mensaje que no queda en un plano paralelo con las necesidades reales del ser humano, al contrario, habla directamente de la propia persona pues está llamado a transformarla completamente desde la raíz misma del propio ser, hasta la dimensión más cotidiana, como puede ser la enfermedad o el sufrimiento.

¿Es esta la actitud real del Cristiano Católico o, por el contrario, vivimos más pendientes de las formas que del fondo, en el campo de la vivencia personal, cofrade, religiosa, de apostolado, en lo que ha de ser nuestra respuesta personal desde el compromiso adquirido en virtud del Bautismo que hemos recibido?

¿Somos también como los “principales” e influyentes del Pueblo, a ejemplo de lo que hemos escuchado en la Palabra de Dios, que intentamos corregir el mensaje que nos transmite el propio Señor?

La Fiesta de la Pascua, en la que se enmarca esta Memoria de San Sebastián mártir, es la fiesta del «Renacer» y de la «Regeneración».

Del «Renacer» porque estamos llamados a abrirnos a la escucha del Mensaje del Señor. Abrirnos a la Escucha supone un esfuerzo por intentar comprender, desde la Fe, no desde la propia voluntad, lo que Dios quiere para nosotros. Para ello se requiere pedir al Espíritu Santo de Dios que abra nuestro entendimiento para comprender desde la Fe, lo que pueden percibir nuestros sentidos y para poner en las manos de Ntro. Señor nuestra propia vida y nuestra respuesta personal. Si seguimos este Camino, cierto y seguro, la Pascua conseguirá de nosotros una regeneración profunda, total y sincera porque habremos comprendido la Hermosura de una noticia que lleva como emisor al propio Cristo y este Resucitado.

Este Domingo del Buen Pastor nos señala un camino de acción Catequética y Misionera muy profunda. Nos invita a “ver” las realidades con las que compartimos nuestro trabajo Pastoral, nos señala los campos que hay que atender y los elementos que hay que renovar.

Querida Hermandad, queridos Grupos Cofrades, queridos Consejos, no es fácil la renovación pero no por ello menos necesaria. Observando las diversas necesidades que comprenden nuestra vida cotidiana sabemos lo importante que es adecuar la Misión y esforzarnos por ello en un campo donde la siembra es dura, pues meter el arado encontrándose las piedras de la dura cerviz, causa fatiga, a veces, desilusión, cansancio… todo ello muy humano. Pero nosotros partimos de una experiencia de Fe que nos dice todo lo contrario. San Sebastián y el ejemplo de otros mártires así nos lo proponen. Ellos entregaron su vida en momentos y situaciones muy duras y difíciles, pero su entrega “regó” la tierra que estaba en sequía y el fruto fue abundante. Renovación, desde el compromiso de evangelizar, de seguir el ejemplo del Maestro. Sin temores. Confiando en Dios.

Para poder seguir en este empeño, necesitamos compadecernos de nosotros mismos y de nuestros prójimos. “Compadecerse” significa “caminar junto a Alguien”. En nuestro caso personal “caminar junto a Dios”, en el caso de nuestros hermanos, por nuestra parte “caminar junto a ellos”. El Señor se compadecía de las personas porque andaban “como ovejas sin Pastor”. ¡Cuánto nos cuida la Providencia! ¡Cuánto bien nos hace Dios! Ningún pueblo de nuestra Diócesis está desatendido o solo porque no cuenta con un sacerdote que acompañe.

Esta semana recordaba la experiencia del verano pasado cuando visitaba un pueblo de Segovia y las pobres gentes que salían al encuentro me decían: “No tenemos sacerdote, no podemos celebrar ni tan siquiera la Santa Misa los Domingos, no podemos aplicar la Misa por los Difuntos, la crisis sacerdotal de Vocaciones es tan grande que no tenemos quién celebre los sacramentos con nosotros. Y lo decían con verdadera tristeza y con gran sentido de angustia. Ante situaciones como esta, nosotros, que vivimos en una gran comodidad, en este sentido, nos permitimos el lujo de despreciar, criticar, censurar a quién, enviado por la Iglesia, intenta acompañar, celebrar y dar sentido a la Fe. Incluso, públicamente, se hace exaltación de “no hacer caso” a las indicaciones que se hagan desde esta Cátedra Sagrada, interpelando a aquellos que escuchan a mantener la dura cerviz de la que hablaba hace un momento y a seguir en la línea de la “no escucha”, de la “no conversión”, del “ no regenerarse” interiormente, de “no abrirse” a la realidad del Espíritu. Yo, al igual que el Señor, me compadezco de esto y pido a Dios que nunca se produzcan en nuestros pueblos ni en este pueblo situaciones como las que viví ante estas pobres personas que, con lágrimas en los ojos, echaban en falta al Pastor que en otro tiempo acompañaba sus vidas. No pensemos que estas situaciones están lejanas a nosotros, pueden ocurrirnos en un futuro no muy lejano.

Dice el Papa Francisco: “Jesús tiene poder sobre el Mal y la Muerte. Su Amor libera y salva”. Es necesario unirse íntimamente al Señor para ser transformados.

Esta es la enseñanza de la Iglesia. Esto es lo que han transmitido los Discípulos, los Cristianos, desde los Primeros Tiempos, desde el nacimiento de la Iglesia.

Confiando en Dios, confiando en Jesús, todo lo que hagamos, todos los proyectos que tengamos saldrán adelante, porque los ponemos en sus manos, porque los confiamos a Él. Y es desde aquí, desde donde nadie podrá doblegar al poder del Espíritu que no sólo acompaña a la vida de la Iglesia en su Caminar sino que la sostiene y da fuerzas para seguir hacia delante. No me cansaré de deciros que es muy importante el estar, como dice el Sto. Padre, unidos íntimamente al Señor Jesucristo, en los Sacramentos, especialmente en el Sacramento por excelencia que es la Eucaristía. También desde la Oración Personal y Comunitaria y en la acción práctica de la Fe, en la vida de Caridad. Sentíos acompañados por la Oración de la Iglesia. Lo que vemos difícil porque con nuestras propias fuerzas no podemos, dejémoselo a Él, llevémoslo hasta el altar del Cielo, encomendándoselo en la Celebración de la Santa Misa, pidamos en la Oración de intercesión de nuestros Hermanos.

Recordad, hago mías en este momento, las palabras del Papa: “Es muy hermoso rezar, alzar la mirada al cielo, dirigir la mirada a nuestro corazón y saber que tenemos un Padre Bueno que es Dios”.

Con Él todo, sin Él nada.

Un comentario

  1. ¡¡ significativa y motivadora homilia!!…como Hermano Mayor de la Cofradia- Hdad. De San Sebastián mártir, aprovecho esta ocasión para manifestar el agradecimiento de la Hdad.y de su Junta Rectora, como su representante, a don Iván Bermejo, nuestro Párroco y Capellán nato de la Hdad, por la consideración, el solícito afecto y generosa atención que nos ha ofrecido para la mejor celebración de nuestra Fiesta de Pascua. ¡¡ muchísimas Gracias, don Iván!!…Y que el Señor y nuestro Santo Patrón, San Sebastián, le concedan toda clase de bendiciones !!.

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