Identidad borrada. La crítica de la semana

Dentro de lo que denominamos film denuncia, se presenta en pantallas de nuestros cines, este trabajo de Joel Edgerton quien, a su vez, participa como parte del reparto de la propia película que dirige y que sostienen, económicamente, desde Estados Unidos y Australia.

Nicole Kidman y Russell Crowe dan vida al matrimonio baptista cuyo pastor asiste a una pequeña comunidad que sigue, fielmente, los principios y orientaciones de esta religión caracterizada, entre otras cuestiones, por una radicalización en diversas posturas, como las que se muestran en la película. Muchas de ellas relacionadas con la dimensión afectivo-sexual de la persona.

La historia de Garrard Conley sirve como vector que conduce a la reflexión de unos hechos veraces que no sólo causaron sufrimiento al protagonista de este film, sino a numerosos pacientes que participaron durante décadas en las llamadas: «Terapias de conversión», algunos de ellos fallecieron por suicidio en el transcurso de este proceso.

La historia de Conley es el punto de arranque de una equivocación que, teñida de religiosidad fanatizada, hace que la persona quede en un tercer plano y se de rienda suelta a unas técnicas que anulan la personalidad, traumatizan profundamente a los receptores de estos métodos e incluso inviten a odiar a los propios padres y a aquellas personas que no estén conformes con éstas técnicas.

Siempre he mantenido que, antes de hablar de cualquier tipo de religión como planteamiento de vida posible, hay que atender a la persona en todas sus dimensiones, lo que el actual pontífice mantiene, con gran acierto, la denominada Pastoral del acompañamiento y de la escucha. Elementos vitales para construir un posible diálogo fructífero y una ayuda real a cualquiera que pueda acercarse a nosotros con algún tipo de situación, por muy complicada que ésta sea.

Los métodos y técnicas empleadas en aquellas «terapias», no estaban aceptadas por las Ciencias de la Salud Mental, son ilegales en varios países y en diferentes Estados de Estados Unidos y son condenadas por la Asociación de Estudios de Psicología.

Película muy recomendable que nos sugiere una pregunta: si Dios es el Dios de la vida, ¿por qué algunos se empeñan en presentarle como causante del sufrimiento y de la destrucción del ser humano?

Iván Bermejo Jiménez.

Un comentario

  1. Valiente reflexión, que comparto enteramente, sobre ese «delicado» asunto .¡ habrá que verla!…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *